
Un devastador terremoto de magnitud 7.7 sacudió Myanmar el pasado viernes, causando la muerte de más de 1,600 personas y dejando a miles de heridos.
Entre las historias de supervivencia, destaca el rescate de dos niñas y su abuela, quienes quedaron atrapadas bajo los escombros de un edificio colapsado en Mandalay.
Las menores lograron salir arrastrándose de entre los escombros, utilizando las linternas de sus teléfonos celulares para encontrar el camino hacia la superficie. Una vez a salvo, proporcionaron información vital a los equipos de rescate sobre la ubicación de su abuela y su hermano, facilitando su posterior rescate.
El terremoto también afectó a la vecina Tailandia, donde al menos seis personas perdieron la vida en Bangkok. Las fuerzas armadas han declarado el estado de emergencia en seis regiones del país, y la comunidad internacional ha comenzado a movilizar asistencia humanitaria para la región.
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Los equipos de rescate, tanto locales como internacionales, continúan trabajando incansablemente para encontrar y salvar a más sobrevivientes atrapados bajo los escombros. Sin embargo, la falta de maquinaria pesada y las difíciles condiciones han ralentizado los esfuerzos de búsqueda y rescate.
Las autoridades han instado a la población a mantenerse alerta ante posibles réplicas y han solicitado apoyo internacional para enfrentar la crisis humanitaria derivada del desastre natural. Se espera que en los próximos días lleguen más equipos de ayuda y suministros para atender a los afectados por el terremoto.